4. Frontera este de Radastar:
V adear el riachuelo resultó una tarea desagradable. El agua estaba impregnada por algún tipo de sustancia repulsiva. Cuando se internó en el arroyo, Trisquel notó cómo aquella esencia le ensuciaba las pantorrillas. El lodo del fondo se revolvió y se produjeron remolinos de inmundicia. Desde el lecho surgían fragmentos de osamenta y daba la impresión de que el reguero trataba de refrenar su avance. Las botas se hundían con un sonido de succión que la exasperó. Sin embargo, no encontró manera más rápida de alcanzar la zona donde se hallaban el ánima y el hombre barbado. Trisquel tuvo la extraña certidumbre de que le conocía. Aquel tipo no le era ajeno y estaba claro que necesitaba ayuda urgente. Se estableció una atmósfera opresiva y una neblina cubrió la floresta. Una cacofonía de murmullos se elevó desde todas partes. El ánima que llevaba al hombre de la mano volvió su rostro hacia Trisquel. Su expresión se transformó en el de una bestia. La cria...